jueves, 4 de septiembre de 2008

La historia de Juan Quiroz


Ultimamente he estado poniendo relatos, como : me hubieses dado bola o como insiste e insiste o el viejo solo. Tienen un toque bonachon, y sin ser un abanderado del criticismo ni los buenos valores aqui les doy un nuevo relato ligeramente mas oscuro.. gracias por leerlo





Juan Quiroz andaba viendo la televisión por la mañana hasta que un rayo le cayó a su casa. Poco convencido de lo que había pasado corrió hasta la radio para sintonizar las noticias, pero poco le ha servido el tremendo esfuerzo físico pues no había energía eléctrica ni de ningún otro tipo.

Mucho más molesto por no saber lo que estaba sucediendo en la casa, se baño con agua fría, se puso sus ropas y salió a la calle, fue muy difícil caminar entre charcos y lodazales, árboles caídos e incendios de automóviles.

Una señora se cruzó con él, estaba llorando y gritando algo sobre que no tenia donde vivir y quizás mas cosas acerca de la muerte. Juan no ha querido escucharla, seguramente se iban a referir de ella en las noticias y a él le fascinaba como las narraba Cecilia Pastosa del canal 4, para que escuchar entonces a una señora llorona, pérdida de tiempo en su estado más puro.

Un alma de perro muerto se le atravesó, le mordió y a Juan no le ha dolido. Nadie le había dicho que aquel flujo de sangre tenía que dolerle. Un restaurante tenía un televisor encendido: Juan entro, pidió dos tazas de café, abrió los ojos y ya no pudo correr hasta el teléfono, así es que a paso ligero llamo al corredor de seguro, el aparato contestador soltó la grabación: “Querido imbécil, si tienes tantas ganas de hablar conmigo es porque eres un imbécil, no hay otra opción, yo estoy muerto, no sé cuando ha sido pero me ha dolido mucho, te lo aseguro”.

Juan cortó el teléfono con unas tijeras, robó un banco hizo fuego con los billetes, lloró desconsolado por aquella madre y su hija que no estaba.

Cecilia Pastosa y su gran culo, pasaba en ese momento por la calle, pero a Juan no se le paró, entonces ella se desnudo y comenzó a bailar algo muy sucio y explícitamente pornográfico. ¿Pero porque no se te pará? ¡Carajo! Juan dijo: no se, pero ahora mismo te quiero prender. Solo pensaba en ella como combustible.

¡Mierda! Si que hacia frio, me duele la pierna, perro pendejo si ha dejado hasta sus dientes en mi carne. ¡Ayy, como duele!!

Esto ya no es un mundo con rayos, solo un pedazo de tierra caliente en el que no estoy de pie.


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